25 enero 2007





Tenía una belleza rotunda de señora, modos de alteza que va y viene por los salones de la alta sociedad concediendo bailes al galán, delicada pero firme, era Celia Gámez más dama que mujer y más diva que dama. Alta, delgada, con conciencia plena de crecerse ante la mirada masculina del respetable, Celia Gámez acapara la atención y los sueños románticos de miles de admiradores que, de esquina a esquina del país, la desean, la aplauden y la encumbran en la eternidad.

No se sabe bien por qué ni cómo llega a España esta bonaerense nacida en 1.902. Con veinte años canta tangos y entra en el teatro poco después, por la puerta grande, y armando un lío tremendo al estrenar “Las Leandras”, en 1.931, todavía hoy la obra más recordada y más cantada, la primera que viene a la cabeza cuando se habla de Revista y con el mérito de ser conocida incluso por los que aseguran no conocer ninguna. Por la calle de Alcalá, ya saben.




Tenía dos armas que respaldaban sus buenas artes: una voz por encima de la media, sin ser extraordinaria, y una capacidad muy particular para jugar al teatro en terrenos ambiguos, vistiendo con el mismo talento las ropas y los personajes de ambos sexos.

Celia atrajo por fin hacia la Revista al público femenino, que hasta entonces se había mantenido muy al margen del género. Y lo hizo en virtud de un tono teatral más elevado, más colorista, y desde luego más fino, que marcó desde entonces una distancia descomunal entre la Revista gamberra y erótica de los clubes nocturnos, esa del alterne y las cargas policiales contra los travestidos, y la Revista teatral para matrimonios honorables, culta y normalizada socialmente, bien vista.

Celia Gámez protagonizó distintos escándalos de índole personal: su intensa amistad con Millán Astray, su anexión al régimen franquista (que primero le facilitó las cosas y más tarde obstaculizó sus posibilidades de permanencia), una lista interminable de amantes reales o ficticios en algunos casos de sangre azul, sus famosas broncas por los camerinos que hacían temblar los decorados, sus extravagancias con el dinero... Pero más allá de todos esos asuntos, anecdóticos al fin, el escándalo más cierto era Celia Gámez sobre un escenario, concediendo a la Revista una dignidad y una elegancia desconocidas, desde una personalidad artística difícil de explicar que enturbiaba el corazón del espectador. Curiosamente el cine nunca quiso quererla, no la entendió, no consiguió capturar la magia de su tremenda presencia en directo.

Murió el 10 de diciembre de 1.992, en el Buenos Aires de su nacimiento. Y no se llevó ni el homenaje público y oficial que se había ganado, ni una placa en ninguna calle. Mucho me temo que a causa de haber sido la representante del régimen en los escenarios, quedó en el olvido que también había sido la mayor embajadora de la Alta Revista Musical.





1 comentario:

Sindo dijo...

Con respecto a CElia Gamez, he de decir que cuando lelga a españa fue en la temprana fecha de 1925, ya que en los años 20 hace furor el tema dell tango en madrid. Pero su verdadero debut en la revista fue por la puerta grande si, pero dos años despues, y copn una obra de Alonso, que fue el 13 de mayo de 1927 en el Teatro eslava, con la Obra Ls Castigadoras, de Francisco Alonso (cuyas grabaciones se editaron en la casa blue moon en un CD) ero lo curioso del caso es que se puede decir que Celia GAmez esta unida a las obras de Alonso, ya que Celia habia sido en su tierra natal Bataclana, que en el arot argentino quiere decir, chica de revista o corista. Y Habia participado en el estreno bonaerense de la obra de Alonso Las Corsarias.Por lo que es peculiar que desde ese momento se convirtiera en el talisman de las obras de Alonso, dando exitos o solo por la musica, sino por la genial interprete que era Celia. ^_^